jueves, 13 de agosto de 2015
Perdona otra vez
Mt 18, 21 – 19, 1. “¿cuántas veces le tengo que perdonar?”. El perdón también nos cuesta, cuando se trata de ofensas graves o de actitudes que nos han producido gran dolor. Nos cuesta perdonar y olvidar. Jesús nos presenta una parábola en la que nos ayuda a descubrir dónde está el origen del perdón. Sorprende que una persona a la que se le ha perdonado tanto, sea después incapaz de perdonar una pequeñez. Sólo seremos capaces de perdonar de verdad si tenemos la clara conciencia de que a nosotros se nos ha perdonado mucho más y esto nos lleva a vivir desde el agradecimiento y no desde el rencor. El perdón nace de un corazón sanado y restaurado por un perdón mayor. Vivamos con gozo la misericordia que nuestro Padre bueno nos regala cada día.
lunes, 15 de junio de 2015
La siembra del Evangelio
Marcos
4,26-34
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra.
Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.
Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra.
Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.
Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
CON HUMILDAD Y CONFIANZA
José Antonio Pagola
José Antonio Pagola
A Jesús le preocupaba mucho que sus seguidores terminaran un
día desalentados al ver que sus esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no
obtenían el éxito esperado. ¿Olvidarían el reino de Dios? ¿Mantendrían su
confianza en el Padre? Lo más importante es que no olviden nunca cómo han de
trabajar.
Con ejemplos tomados de la experiencia de los campesinos de
Galilea, les anima a trabajar siempre con realismo, con paciencia y con una
confianza grande. No es posible abrir caminos al Reino de Dios de cualquier
manera. Se tienen que fijar en cómo trabaja él.
Lo primero que han de saber es que su tarea es sembrar, no
cosechar. No vivirán pendientes de los resultados. No les han de preocupar la
eficacia ni el éxito inmediato. Su atención se centrará en sembrar bien el
Evangelio. Los colaboradores de Jesús han de ser sembradores. Nada más.
Después de siglos de expansión religiosa y gran poder
social, los cristianos hemos de recuperar en la Iglesia el gesto humilde del
sembrador. Olvidar la lógica del cosechador que sale siempre a recoger frutos y
entrar en la lógica paciente del que siembra un futuro mejor.
Los comienzos de toda siembra siempre son humildes. Más
todavía si se trata de sembrar el Proyecto de Dios en el ser humano. La fuerza
del Evangelio no es nunca algo espectacular o clamoroso. Según Jesús, es como
sembrar algo tan pequeño e insignificante como "un grano de mostaza"
que germina secretamente en el corazón de las personas.
Por eso, el Evangelio solo se puede sembrar con fe. Es lo
que Jesús quiere hacerles ver con sus pequeñas parábolas. El Proyecto de Dios
de hacer un mundo más humano lleva dentro una fuerza salvadora y transformadora
que ya no depende del sembrador. Cuando la Buena Noticia de ese Dios penetra en
una persona o en un grupo humano, allí comienza a crecer algo que a nosotros
nos desborda.
En la Iglesia no sabemos en estos momentos cómo actuar en
esta situación nueva e inédita, en medio de una sociedad cada vez más
indiferente a dogmas religiosos y códigos morales. Nadie tiene la receta. Nadie
sabe exactamente lo que hay que hacer. Lo que necesitamos es buscar caminos
nuevos con la humildad y la confianza de Jesús.
Tarde o temprano, los cristianos sentiremos la necesidad de
volver a lo esencial. Descubriremos que solo la fuerza de Jesús puede regenerar
la fe en la sociedad descristianizada de nuestros días. Entonces aprenderemos a
sembrar con humildad el Evangelio como inicio de una fe renovada, no
transmitida por nuestros esfuerzos pastorales, sino engendrada por él.
Quizás necesitamos aprender de nuevo a valorar las cosas
pequeñas y los pequeños gestos. No nos sentimos llamados a ser héroes ni
mártires cada día, pero a todos se nos invita a vivir poniendo un poco de
dignidad en cada rincón de nuestro pequeño mundo.
miércoles, 10 de junio de 2015
martes, 7 de abril de 2015
May Feelings VI
El Papa Francisco nos invita, este mes de mayo, al Apostolado de la Oración... como María. Ya que el cristianismo no es tanto hacer... como dejarse hacer por Dios.
jueves, 26 de marzo de 2015
Atrapados por el crucificado
Un grupo de «griegos», probablemente paganos, se acercan a
los discípulos con una petición admirable: «Queremos ver a Jesús». Cuando se lo
comunican, Jesús responde con un discurso vibrante en el que resume el sentido
profundo de su vida.
Ha llegado la hora. Todos, judíos y griegos, podrán captar
muy pronto el misterio que se encierra en su vida y en su muerte: «Cuando yo
sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».
Cuando Jesús sea alzado a una cruz y aparezca crucificado
sobre el Gólgota, todos podrán conocer el amor insondable de Dios, se darán
cuenta de que Dios es amor y sólo amor para todo ser humano. Se sentirán
atraídos por el Crucificado. En él descubrirán la manifestación suprema del
Misterio de Dios.
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